Anoche Luisa y yo salimos por bares de ambiente. Se apuntaron al plan su mejor amigo y el novio. Sí, Marco y Javi forman una de esas parejas gays equilibradas con la que todo el mundo sueña alguna vez. De vez en cuando se tocan el culo y hacen apología de su homosexualidad, pero más bien es una de esas cosas que hacen porque simplemente saben que pueden hacerlo, aunque en realidad no les apetezca. Les encanta provocar, y eso me encanta de ellos. Lo que no me gusta tanto es cuando se dedican a sobarme con la excusa de que no les atraen las mujeres. No me motiva que un ligue me pregunte cuál ha sido mi última relación con un hombre y tenga que responderle que un gay me tocó una teta.
El primer sitio al que entramos es uno de esos que tienen velas perfumadas y cortinas de colores por todas partes. Más que un pub, parecía un burdel vietnamita. En fin, menos el gentilicio, el resto casi que es cierto, porque vaya como estaba el ambiente…y nunca mejor dicho. Para empezar hay que entrar dejando claro lo que eres. Yo no lo hice, y en seguida se me acercó una chica (creo… sus dos protuberancias torácicas tuvieron que confirmármelo). “¿Entiendes?” ¿Que si entiendo de qué? ¿de moda? ¿de música? ¿de física cuántica?…Mientras tanto intentaba susurrarme algo al oído, pero hice como cuando se te acercan por la calle los de Cruz Roja para captar socios. Saqué el móvil e hice como si hablase por teléfono. Con la mala suerte de que al abrirlo le di a la tecla de rellamar y para empeorar mi destino esa última llamada era la del número desconocido que me llamó tres veces seguidas. Me di cuenta cuando alguien descolgó el teléfono y escuché una voz por desgracia bastante conocida. Carlitos. Intenté colgar rápidamente soltando un “no era para tí” como única respuesta a mi llamada. Fue patético. Me sentí completamente inútil. No sé para qué coño me compro un móvil nuevo si apenas sé utilizarlo. Y menos de esa manera…dios, qué horror.
Antes de darle demasiadas vueltas a la primera cagada de la noche, me fui en busca de alguna cara conocida. A Luisa la encontré bailando reaggeton con dos hombres grandes, peludos y demasiado gays como para que ella pudiese ponerlos cachondos. Y Marco y Javi se daban el lote (magreo incluido) en una de las esquinas del pub. Así que estaba sola y con los pies a punto de convertirse en muñones…si es que soy imbécil. Ahora que el dolor empezaba a calar hondo en el meñique mi mente empezaba a aclarar algunas ideas sobre la dudosa sexualidad de aquél vendedor. Tendría que haberme imaginado que era más maricón que un palomo cojo antes de gastarme 120 euros en unos zapatos sólo para satisfacer mi ego femenino…Segunda cagada de la noche.
Después de aquella decepcionante reflexión, recuerdo que pedí una copa para sentirme un poco menos gilipollas por todo lo que me estaba ocurriendo. Y a partir de ahí, el resto de la noche se convirtió en una especie de nebulosa en la que perdí absolutamente cualquier tipo de percepción sensorial. Desperté en mi cama, con una resaca de caballo y con toda la almohada llena de rimel y maquillaje. Qué noche más absurda…